| METROPOLITANO 1967 SEMIFINAL – 06.08.1967 ARBITRO: Ángel Coerezza Canacha: Boca Juniors (neutral) Recaudación: 4.014.230 |
| PLATENSE 3 | ESTUDIANTES LP 4 |
| TITULARES: Hurt Mansuetto Murúa Aranda Togneri Recio Lavezzi Mugione Bulla Subiat Medina DT: Angel Labruna | TITULARES: Poletti Aguirre Suárez Barale Malbernat Madero Pachamé Bedogni Bilardo Conigliaro Etchecopar Verón DT: Osvaldo Zubeldía |
| SUPLENTES: | SUPLENTES: |
| GOLES: 24pt Lavezzi 33pt Bulla 02st Bulla | GOLES: 07pt Conigliaro 09st Verón 15st Bilardo 18st Madero (penal). |
| CAMBIOS: | CAMBIOS: |
| AMARILLAS: | AMARILLAS: |
| EXPULSADOS: | EXPULSADOS: |
| INCIDENCIAS: 29pt Barale se retiró lesionado | INCIDENCIAS: |
| INCIDENCIAS: |
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Platense-Estudiantes 1967: el partido que pudo cambiar la historia
Por Carlos Aira – 13 septiembre, 2021
En la noche del miércoles 3 de agosto de 1967, la Bombonera fue testigo de un partido increíble por las circunstancias y el marcador. Estudiantes derrotó 4 a 3 a Platense y días después se consagró campeón del Nacional. El parteaguas de Osvaldo Zubeldía. ¿Que pasó aquella noche en la Bombonera? ¿Que hubiera sido de nuestro fútbol si Estudiantes no se consagraba campeón de aquel Metro 67?
Por Carlos Aira
1967 fue un año de inflexión en el fútbol argentino. Por decisión de Valentín Suárez, interventor de la AFA, y hombre fuerte del fútbol nacional desde las épocas del primer peronismo, era necesaria una reestructuración profunda. Entendía necesaria la búsqueda de torneos más rentables y la inserción del interior del país al fútbol de Primera División. Recordemos que desde la fundación de la Liga Profesional en 1931, ciertas plazas del interior fueron sumándose en forma paulatina, pero dejando afuera ciudades como Córdoba, Mendoza, Bahía Blanca o Mar del Plata.
A partir de aquel 1967, la temporada futbolera se dividió en dos: Campeonato Metropolitano, que era el viejo torneo de Primera, con los equipos de Buenos Aires, Rosario y Santa Fe; y el Nacional, con la incorporación de los clubes de toda la Argentina. Pero el Metro tampoco sería como antes. El torneo se dividió en dos zonas. Los dos primeros de cada zona clasificarían a una semifinal y luego el campeón del Metro se consagraría en una final. Ya no era necesario ser campeón sumando la mayor cantidad de puntos.
PLATENSE VS. ESTUDIANTES DE LA PLATA
Primera semifinal. Platense fue la gran revelación del Metro. Primero en el Grupo B, con 22 partidos jugados, 13 ganados, 2 empatados y 7 perdidos. Tenía en la delantera su mejor arma. Es que Fernando Lavezzi, el cordobés Gualberto Muggione, Carlos Bulla, Néstor Subiat y Luis Medina estaban diestros de cara al gol. Tanto que con 40 goles fueron el equipo más goleador en la serie regular. Diez tantos más, por ejemplo, que el Racing de José, Lider de la Zona A y sensación por aquellos días. A cargo de la dirección técnica calamar estaba Angel Labruna, gloría de River y el fútbol argentino, que sus últimos cartuchos como jugador, ya con 43 años, los tiró en un par de partidos con la camiseta blanca y marrón en 1961, en el torneo de la B. Lírico, jugadorista, confiaba en la elección de jugadores y en la confianza que le podía depositar.
Enfrente estaba Estudiantes de La Plata. Los pincharratas venían con todo un trabajo previo. El que había estipulado su entrenador Osvaldo Zubeldía. La idea madre de jugar diferente al resto. Complicar, buscar puntos débiles del rival, exprimir las oportunidades de gol, hacer todo el tiempo que fuera necesario, hablar y hablar durante todo el partido. Para entender ésta idea, muy compleja en aquellos años de fútbol bohemio, es mejor graficarla con el mismo ejemplo que Zubeldía le dio a sus dirigidos. Una mañana juntó a todo el plantel en la estación de trenes de Constitución. Les pidió que se quedaran callados y miraran a los laburantes subir y bajar de los trenes. En un momento pidió silencio y les dijo: «Bueno muchachos, si no quieren estar laburando como ésta gente, no sean giles, y denme bola, que conmigo vamos a ganar mucha guita«.
3 DE AGOSTO DE 1967. LA BOMBONERA. 21 HORAS.
La noche estaba fresca, como era de imaginar. Encima al campo de juego se le sumaba el agua de un chaparrón caído la noche anterior. Carlos Bulla, goleador calamar, declaraba antes de llegar al estadio: «Nosotros estamos con una moral mayor, Platense está en la mejor parte de su preparación y nosotros estamos con ganas de jugar, sería una lástima que suspendieran el partido«.
Finalmente el partido se jugó. Y fue un partidazo. Tan intenso como plagado de circunstancias increíbles. A los 5 minutos, un centro pasado de Madero desde la derecha lo conectó Marcos Conigliaro en posición de número 11. El cabezazo del delantero se metió junto al palo derecho del arquero Juan Carlos Hurt, habitual suplente de Enrique Topini y uno de los actores principales de la jornada.
Platense fue a buscar el empate, y lo encontró a los veintitres minutos: un pase largo de Jorge Recio encontró a Fernando Lavezzi; este mató en el pique a Carlos Pachame y definió con clase ante la salida del Flaco Poletti en el arco que daba a Casa Amarilla. Estudiantes 1 – 1 Platense.
Comenzaba a llover nuevamente. El marrón seguía yendo al frente. Los Pinchas no hacía pié. 33 minutos. Poletti pifia en un centro. La gana Bulla en el salto. Cuando el delantero va a definir se encuentra con tres jugadores estudiantiles en la línea. No le importó: definió con clase marcando el 2 a 1. Pero las desgracias pinchas no terminaban ahí: Enry Barale se desgarró y no pudo continuar. Aunque hoy parezca raro, en aquellos días, sólo se permitía el cambio de arquero. Estudiantes debía finalizar el partido con diez jugadores.
Cuando Ángel Coerezza pitó el final de la primera etapa, Ángel Labruna salió a buscar a sus jugadores al círculo central. Los arengó al grito de: «Ahora livianito, mañana baños turcos, nos relajamos, y el sábado somos campeones«.
LA BOMBONERA. 22:00HS
El segundo tiempo comenzó al filo de las veintidós horas. El partido era televisado por Canal 7, pero se pasaría en diferido la noche siguiente. Todo parecía terminarse a los dos minutos de comenzada la etapa: centro desde la derecha y Carlos Bulla convierte el 3 a 1 parcial. Parecía imposible remontar un resultado tan contundente con diez hombres.
Con el paso de los años, mucho se habló del Estudiantes de Zubeldía. Alfileres, mística, juego sucio. Un combo del poco se habla sobre la capacidad que tenía aquel equipo en pegar en los momentos justos. También una suerte que acompañó al equipo: cuando Estudiantes sacó del medio, rapidamente perdió la pelota. Néstor Togneri levantó la cabeza y habilitó a Lavezzi, quién metió el centro para Bulla. Cuando el 4 a 1 se descontaba, Carlos Pachamé se rompió la cabeza contra el palo derecho, salvando la segura caída.
Desde esa jugada – y por los próximos diez minutos – sucederán cosas increíbles. A los ocho minutos, centro desde la derecha y el descuento de Juan Ramón Verón con una fantástica palomita. Estudiantes revivió. Sacó fuerzas de flaqueza y buscó el empate. A los 14 minutos, Verón tocó para Conigliaro y este hacia Carlos Bilardo; el Narigón se acercó al área grande. Amagó con pegarle de derecha y sacó un zurdazo que se metió junto al palo derecho del estático Hurt. Golazo, empate y festejo. Pero la noche no terminó ahí.
A los 16 minutos, la jugada histórica. La que cambió la historia del fútbol argentino. Córner desde la izquierda para Estudiantes. Patea Rubén Bedogni. Hurt descuelga cómodo. Bilardo se le acercó. Lo torea. Algo le dice. El arquero le pega un patadón en el tobillo. Bilardo cae muerto. Coerezza no lo puede creer. Penal que es transformado por Raul Madero. Platense no tuvo fuerzas para buscar el empate. Estudiantes ganó 4 a 3. Osvaldo Zubeldía lloraba en el vestuario. El juninense, entre lágrimas, declaraba: «Mire…en un principio creí que lo perdíamos. Cuando finalizó el primer tiempo reuní a los muchachos y les dije que si le gabamos a Racing, ahora también tenemos que hacer la hazaña«.
Su increíble reacción ante una provocación, cambió la historia de nuestro fútbol.
Tres días después, Estudiantes goleó 3-0 a un Racing remendado, consiguiendo el primer título profesional para un equipo chico. Luego llegarían las Copas Libertadores e Intercontinental.
¿Que hubiera pasado de no haber reaccionado Hurt? ¿Platense hubiera derrotado al Racing de José? ¿Sino se consagraba en el Metro del 67, Estudiantes hubiera sido campeón con los Matadores del 68 o el Boca del 69? ¿Sin ese título de Estudiantes, hubieran llegado los de Vélez, Chacarita, Central y tantos otros equipos?
Sin títulos, ¿Bilardo hubiera hecho la campaña que hizo como DT? Si aquella noche hubiera perdido el Estudiantes de Zubeldía ¿Hubiera cambiado la historia de nuestro fútbol? ¿Cual hubiera sido el camino de nuestro fútbol de no haber logrado títulos aquel equipo pincharrata?.
Por Carlos Aira – 13 septiembre, 2021
Periodista y escritor. Autor de Héroes de Tiento y Héroes en Tiempos Infames.
Conductor de Abrí la Cancha, por Radio Gráfica FM 89.3
Fuente: Radio Gráfica 13.9.2021
MIRÁ SI UNA JUGADA VA A CAMBIAR LA HISTORIA…
de Ariel Greco
«Fue un partido que no merece una crónica, merece un canto. ¡Ay quien pudiera cantar! Para Platense el primer párrafo. Ese cuadrito admirable que llegó primero en su zona; jugó la semifinal y si le tocó caer cayó con el más alto honor (…)
(…) Ese partido que jugó Platense quedará para siempre grabado en el recuerdo de cuantos amamos el fútbol en sus expresiones más puras. Porque ese partido hizo historia y merece que se lo denomine «el de la noche inolvidable».
(Fragmento de la crónica de Diego Lucero en Clarín por el partido Platense 3- Estudiantes 4, Semifinal del Metro ’67 el Viernes 4 de agosto de 1967)
– ¿Por qué no hacen una cosa? Desde el balcón yo siempre lo veo a Alejandro Fabbri cuando llega al canal. Lo esperan en la puerta y lo consultan. El tipo sabe un montón y además es de Platense, planteó Mariano.
– No hace falta. Por lo que yo sé, fue a Bilardo.
– Loco, te aseguro que fue a Verón. Mi viejo estaba en la cancha y me lo contó mil veces. Dice que casi se muere de un ataque cuando vio lo que pasó.
El Pingu está convencido. Y además, a diferencia de Walter, trajo una referencia irrefutable para los otros. Nadie puede dudar de la condición de fana de Platense de su padre. Es obvio que Cacho estuvo en la Bombonera esa noche histórica del 3-3 con Estudiantes, como unos días más tarde en la final en el Gasómetro contra Racing. Era la primera vez que su Platense -un equipo chico, en realidad- obtenía un torneo de AFA, así que no se lo pudo haber perdido. Ni pensarlo. Si al año siguiente lo siguió por toda América en la Copa Libertadores. Viajó a Brasil contra el Palmeiras, a Montevideo contra Nacional. Y si no fue a Old Trafford para la revancha de la Intercontinental con el Manchester de Bobby Charlton y George Best, fue sólo por una cuestión de guita. No era como ahora que se la podía pilotear. En esa época era imposible.
Ahh, la bronca que tenía Cacho por haberse perdido ese partido. Era un karma en su historia de hincha. Siempre recordaba que lo escuchó por radio, que siguió la transmisión de Muñoz y que casi se le rompe el aparato cuando Bulla metió el gol de cabeza del 1-1. «Pensar que todos nos decían que estábamos fritos por haber ganado apenas 1-0 en La Boca», afirma cada vez que rememora el partido. Esa frase y la anécdota del paraguazo a Muñoz son las dos cosas que más repite de esa final: «‘Eh, ¿quien me golpeó?, ¿quién me golpeó con el paragua?’, gritaba el Gordo al aire.
Se ve que alguien le puso un roscazo por los gritos que pegaba», cuenta siempre que se acuerda, y entonces larga la carcajada. Además, desde esa época canonizó a Angel Labruna, que era el entrenador de aquel equipo.
Más allá de la referencia y la precisión del Pingu, Walter no está conforme con el dato. Si bien no tiene ninguna prueba concreta para refutar a su amigo, su conocimiento y su memoria no son para despreciar. El tipo es un obsesivo del fútbol, capaz de mirar por la tele Huachipato-Osorno o de repetir la formación Ferro del ’82, Temperley del ’86 o de Chaco For Ever del ’91. Y cada vez que se plantea duda de este tipo, siempre termina teniendo la razón.
– Para mí no es así. Yo sé que en la jugada estuvo Bilardo, el narigón ese que ahora es técnico.
– No, muñeco. Era Verón. ¿Cómo te lo puedo hacer entender?
– No sé, por lo que yo leí, el arquero Hurt le pegó una patada a Bilardo.
– Te digo que no. Fue una piña a Verón, que le rozó la cara pero que no lo llegó a tocar. Por eso, Coerezza, que era el árbitro, no cobró nada. Esta vez te equivocaste, Bielsita – lo gastó el Pingu, con la satisfacción de haberle ganado una discusión de fútbol a Walter, algo que no era común.Faltan diez minutos para el mediodía del domingo 30 de junio de 2002. El Flaco, Walter, Mariano y el Pingu no durmieron en toda la noche, pero no les importa. Siguen charlando de fútbol. Obvio, no todos los días se celebra un título en un Mundial. En medio de toda la malaria que se vive en Buenos Aires, el campeonato que acaban de ganar los dirigidos por Marcelo Bielsa en Japón
es para festejar a full. Ya estuvieron en el Obelisco, ya cantaron que «el que no salta es alemán», ya retornaron al departamento-cábala de Mariano en Constitución en el que miraron todos los partidos, ya volvieron a ver repetidos todos los goles, ya se bajaron un cajón de cervezas, ya repasaron casi toda la historia del fútbol argentino: El gol de Diego a los ingleses, la final perdida ante Alemania cuatro años más tarde, el tiro en el palo de Resenbrink en ’78, y claro, aquel Platense-Estudiantes, que ahora es el motivo de su discusión.
La jugada en cuestión ocurrió en las semifinales del Metro ’67. Platense, ganador de la zona A, y Estudiantes, segundo de la B, igualaban 3-3 cuando Juan Ramón Verón fue a molestar a Juan Carlos Hurt, en el preciso momento en que el arquero descolgaba un centro intrascendente. La reacción del guardavalla fue desmedida. Le tiró un manotazo al delantero, pero, para su fortuna, el golpe quedó dibujado en el aire, a centímetros del destino previsto, ante el asombro de todo el estadio. «Siga, siga, no pasó nada», dijo Coerezza, sacándose el problema de encima. Y el juego siguió nomás. Lo que sucedió después es historia conocida. Con el 3-3 final, por su mejor ubicación
Platense se clasificó para definir el campeonato con Racing, luego se quedó con el título y allí inició la serie triunfal con tres Copas Libertadores y la Intercontinental que le ganó al Manchester.
– Pará, pará, una pregunta – interrumpió Mariano -. ¿Ese Verón que nombraste es el padre del que juega en Francia?
– Sí, es ese – respondió Walter, que aprovechó la ocasión para sacar a relucir sus conocimientos y, sobre todo, para tratar de revertir la imagen de derrota que había dejado frente al Pingu -. Era un puntero izquierdo muy hábil, que salió de las inferiores de Estudiantes. Después lo compraron de Francia, donde jugó unos cuantos años. El hijo, Juan Sebastián, nació allá, y por eso, como tenía doble nacionalidad, a los 16 años se fue a probar al Mónaco.
– Mirá las boludeces que hablás con tal de no reconocer que te equivocaste – lo siguió chicaneando el Pingu -. ¿A quién carajo le importa ese chabón?
– Si, es verdad – asintió el Flaco.
– Bueno, él me preguntó.
– Propongo otro brindis- dijo el Pingu -. Por una vez que le gané una discusión de fútbol a Walter.
La respuesta no se hizo esperar y todos levantaron sus vasos para el enésimo brindis del día. Hasta Walter se sumó sin quejarse.
– Che, otro por Trezeguet – propuso Mariano.
– Sí, claro. Calamar tenía que ser – afirmó el Pingu.
Todos volvieron a asentir. No era para menos. El delantero de la Juventus fue el héroe de la Selección en Japón. Los dos goles de la final, el de la semi ante Turquía, los pases a Batitusta y Crespo para los dos tantos del triunfo ante Brasil en cuartos, el título de goleador del torneo con nueve, encima con record porque desde el ’78 que nadie hacía más de seis tantos, lo elevaron a
la categoría de Dios, a ese altar al que sólo el Diego tenía acceso. Ahora era el Rey David. Además, en la final se dio el gusto de vengarse de ese odiable Kahn, el arquero alemán, que injustamente le quitó el premio al mejor jugador del torneo.
– Y todo gracias a Subiat. ¿No ves que es el más grande? – agregó el Pingu.
– Dale, boludo, dejate de joder. ¿Qué mierda tiene que ver con esto? – respondió el Flaco, que además de los 77 kilos en su metro noventa, también le debe su apodo a César Luis Menotti, su gurú futbolístico.
– Y sí. ¿Quién te pensás que trajo a Jorge Trezeguet, el padre de David, a Platense? Subiat, papá – dijo el Pingu con aire sobrador -. Después el pibe la gastó, se fue a Boca y de ahí a Italia, pero ¿qué pasaba si el viejo se iba afuera en ese momento?
El dato era cierto. Fue Néstor Subiat en su primera experiencia como entrenador el que llevó a Trezeguet padre a Saavedra, justo cuando el defensor tenía una oferta para emigrar desde Estudiantes de Buenos Aires al Rouén de Francia. Pero el dato es tan cierto como que si David no
hubiese sido el gran goleador que es, nadie se acordaría de que su viejo tuvo un fugaz paso por Platense. Lo concreto es que el aporte del Pingu sólo sirvió para reavivar una discusión que se repite, de manera cíclica, entre él y Flaco. Y que, es verdad, también forma parte de la cultura futbolera de los argentinos. Como ya quedó dicho, el Pingu es devoto seguidor de Néstor Subiat, un jugador que sin demasiadas condiciones técnicas se transformó en un referente de aquel Platense campeón de todo de fines de los sesenta y que como entrenador se convirtió en mejor exponente de la escuela de Labruna: Primero en el club de su vida, con el que volvió a ser campeón; luego en un exitoso paso por Colombia, donde consiguió clasificar al Deportivo Cali a la final de la Copa Libertadores que perdió con Boca; y más tarde en la Selección Argentina, con la que obtuvo el título Mundial del ’86 y llegó a la final de Italia ’90. Por eso, el Pingu lo idolatra y se considera subiatista a muerte.
Del otro lado, el Flaco profesa la misma admiración por Menotti. Seguidor del Gitano Juárez, Menotti también encontró mayor reconocimiento como entrenador que como futbolista, pese a que fue bastante mejor jugador que Subiat. Como técnico, el Flaco verdadero condujo a Huracán a su único título profesional en el ’73 y de allí saltó a la Selección, con la que logró el primer
título mundial para Argentina en el ’78. Como no le fue bien en la Copa del Mundo siguiente en España ’82, Julio Grondona, que ya en ese momento era presidente de la AFA, lo reemplazó por Subiat. Vaya a saber porqué razón desconocida, Menotti y Subiat están peleados a muerte desde
entonces y trasladaron su antagonismo a todo el pueblo futbolero.
– ¿No ves que es un enfermo? – saltó el Flaco, buscando la complicidad de Mariano -. Lo que faltaba. Ahora resulta que ganamos el Mundial gracias a Subiat…
– Claro. Como en el ’86
– En México salimos campeones gracias a Maradona y a pesar de Subiat. Con el Diego en ese nivel, ese equipo salía campeón con cualquiera. Con Subiat, con Menotti, con Griguol o con Bilardo, el que nombraba Walter hace un rato.
– Con Menotti, no. ¿O te olvidás de lo que pasó en el ’82?
– Basta, siempre lo mismo ustedes dos – se interpuso Mariano -. Hablan como si fuesen los únicos técnicos sobre la tierra. Hay otros muy buenos como Bianchi, Basile, Cúper, Passarella o incluso Bilardo. Decí que no tiene muchas prensa, pero el tipo labura un montón y a sus equipos siempre cuesta un huevo ganarles.
– Tiene razón Mariano – dijo Walter -. No hinchen más con Menotti y Subiat, ya fueron los dos. Menotti hace mil años que no termina un contrato y Subiat está loco. Encima durante el Mundial se la pasó criticando a Bielsa por televisión.
– Eso es verdad.- Bielsa sí es un genio. No miente, sus equipos van siempre al frente, tiene todos los detalles previstos, nunca se le escapa nada. Es un capo. A diferencia de sus tres compañeros, Walter es un profundo incondicional de Bielsa. El perfil casi obsesivo del entrenador de la selección nacional encaja bastante bien en su personalidad. Además, contrariamente a lo que piensan sus amigos, no le disgusta cuando peyorativamente lo llaman Bielsita. Para Walter, Bielsa es la síntesis perfecta, la asimilación de todas las virtudes de los diferentes entrenadores reunidos en una sola persona. Otra cosa que le da satisfacción es que siempre lo defendió, más allá de las dificultades que tuvo para lograr buenos resultados en las Eliminatorias, donde debió penar hasta el último partido para lograr la clasificación para Japón y Corea. Por eso, ahora tiene su revancha y no la quiere desaprovechar.
– Yo quiero ver que dicen ahora de Bielsa. Les tapó la boca a todos.
– Bueh, tampoco es para tanto.
– Ah, nooooo. ¿No te acordás cuando lo cuestionaban porque no se definía en elegir a un centrodelantero? «Que se decida, Batistuta, Crespo o Trezeguet, tiene que jugar uno», decían los periodistas. «Es imposible juntarlos, pongan un semáforo, se van a chocar». Minga. El tipo laburó y salimos campeones con tres nueve de área. Sí, sí. Con tres centrodelanteros. Y así le ganamos a
todos, a Brasil, a Alemania, a los suecos…
– En eso tiene razón – admitió Mariano -. Le pegaron mucho. Le daban hasta porque no hablaba con la prensa.
– No te preocupes. Ahora en Ezeiza va a brindar las conferencias con la Copa al lado.
El reloj marca la una y diez. El Pingu es el primero en levantarse del sillón. Por más que se cae de sueño, ya tenía arreglado ir a comer a la casa de sus viejos en Saavedra, así que no le queda otra opción. Además, sabe que le espera otra paliza de fútbol, teniendo en cuenta que todavía no habló ni una palabra con Cacho sobre los goles de Trezeguet. El Flaco y Walter se suman a la
partida, aunque para ambos el destino final es la siesta. Mariano los acompaña para abrirles la puerta del edificio.
– Chau, hablemos en la semana para el partido del jueves – se despidió el dueño de casa.
– Listo, quedamos así.
– ¿Ustedes para dónde van?
– Tengo el auto a la vuelta – respondió Walter.
– Cómo te cagué hoy, Bielsita, eh – le dijo el Pingu, antes de subirse a su Fiat Uno, tomar por San Juan y desaparecer por la 9 de Julio. Walter sólo atinó a sonreír de compromiso. El Flaco mantuvo un silencio piadoso durante todo el trayecto, hasta llegar a la cochera.
– Lo felicito, ayer me tiró la posta. Me dijo que ganábamos 2-0 con dos goles de Trezeguet y la pegó. Usted es un fenómeno.
Los elogios del playero de la cochera eran para un cliente de traje, que aparentemente acertó el resultado de la final, hasta con el goleador incluido.
– Gracias, pero no es para tanto. Fue un expresión de deseo que se cumplió. Nada más -respondió el hombre con modestia.
Al Flaco y a Walter, la voz del adivino les sonó conocida. Tal como les había dicho Mariano, el periodista Alejandro Fabbri solía pasar por allí, antes de ir a realizar su programa de televisión. Ante la posibilidad de reivindicarse, Walter no aguantó su curiosidad y se quiso sacar un duda que lo carcomía desde la mañana, cuando había quedado pagando en su discusión con el Pingu.
– Hola Alejandro, una consulta.
– Si, decime.
– ¿Te acordás de la semifinal Platense-Estudiantes del Metro ’67? ¿Cuándo iban 3-3, el arquero Hurt le tiró una piña a Verón o una patada a Bilardo?
– Una piña a Verón, pero no alcanzó a pegarle. Si hubiese sido a Bilardo, seguro que se la encajaba en la nariz y Coerezza cobraba penal. Qué loco, hubiese ganado Estudiantes y cambiaba la historia. Ellos hubiesen derrotado al Manchester en la Intercontinental, ¿no les parece…? Bueno muchachos, me tengo que ir, un gusto.
– Chau, gracias.
El periodista se retiró y los dos amigos siguieron su camino. Walter, que hasta ese momento todavía tenía la esperanza de no haberse equivocado, no tuvo más remedio que presentar la rendición definitiva.
– Che Flaco, esta vez, el Pingu me cagó.
– Es verdad. Pero, ¿sabés qué? Me quedé pensando en que exagerado es el tipo este. Mirá que por una jugada va a cambiar la historia. O acaso me vas a decir que si el referí cobraba el penal, Estudiantes ganaba ese partido y después iba a salir campeón de todo como Platense.
– Sí, claro. Y te digo más. Con su razonamiento, Subiat nunca hubiese sido técnico de Platense ni de la Selección, no hubiese existido el subiatismo y el menottismo, Trezeguet padre se hubiese ido a probar suerte a Francia y David hubiese jugado para los franchutes. Y hoy no hubiésemos sido campeones del mundo…
– Ja, ja. Y seguro que el viejo Verón seguía su carrera en Estudiantes, el amargo del hijo se quedaba a jugar acá y Bielsa lo convocaba para ser el enganche de la Selección.
– Sí, imaginate esa. A esta altura, todavía lo estaríamos puteando. Por su culpa nos hubiésemos quedado afuera del Mundial en la primera ronda.
– Bueno, pero ya te fuiste a la mierda. Eso sí que sería imposible.